La (im)posibilidad de la vanguardia

La luz que se abre a un espacio. El arte convertido en la propia vida. La música como argamasa de lo fragmentario y motor de una dimensión transformadora. Todos estos elementos se encuentran en Life and Death of Marina Abramović, la nueva creación del director de escena Bob Wilson, que ha podido verse por vez primera sobre un escenario de ópera. Pero, ¿qué hay de novedoso en ella? ¿Definen estos elementos la vanguardia en este arte considerado tan burgués y conservador?

Basta que alguien anuncie a los cuatro vientos que lo que está a punto de acontecer en un teatro de ópera es una muestra de lo nuevo para que se desate un revuelo en el patio de butacas. Una parte del público, porque semejante anuncio ya desata una serie de recelos y prejuicios difícilmente salvables. Otra parte, porque asumirán el carácter de novedad a pies juntillas y obviarán el hecho de que, en realidad, gran parte de lo que contemplan hace años que ya fue descubierto. Pero el marketing es así y también llega a las instituciones culturales. Así, la profusión de exposiciones «históricas», conciertos «del siglo», y óperas «vanguardistas» hace que el uso de tales adjetivos haya empezado a carecer de importancia.

El director de escena norteamericano Bob Wilson y la performer yugoslava Marina Abramović se conocían desde finales de los sesenta, pero no fue hasta los setenta cuando empezaron a calibrar la posibilidad de trabajar juntos. Marina le invitaba a participar en sus proyectos, pero él nunca se decidió del todo. «Cuando nos encontrábamos, Marina estaba interesada en meterme en un mundo artificial, que nada tenía que ver con el naturalismo que yo practicaba». Curiosamente, a ambos les separaba lo que, varias décadas después, iba a unirles. «Mi idea —decía Wilson— está para verse sobre el escenario, no para reflejar lo mismo que podría verse en la calle». Así que, hace tres años, cuando Marina le contó el encargo que le había hecho Gerard Mortier, él le pidió que le dejara contar la historia de su vida, pero a su manera. No era la primera vez que un creador intentaba biografiar a Marina Abramović. Esta iba a ser la sexta vez. Bob Wilson no estaba dispuesto a que se pareciera a las demás. En realidad, lo que él quería era «hablar de su madre, su país, su familia, lo que le ocurrió… pero de un modo poético».

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